Desde hacía tiempo quería ir de vacaciones solo. Pero cada año encontraba una excusa u otra para retardarlas, hasta que en Marzo o Abril del 2006 un amigo me propuso hacer los 8 últimos días de la Transpirenaica, con llegada a Irún. Entonces pensé que desde Irún podía seguir andando por El Camino de Santiago solo, pues Juan tenía comprometidos los siguientes días de sus vacaciones con su pareja sentimental.
Con los días, la idea de hacer el camino de Santiago fue cogiendo fuerza, al final decidí no hacer la Transpirenaica y dedicar los 23 días de mis vacaciones exclusivamente al camino de Santiago.
Después de preguntar y dejarme aconsejar sobre como hacer el camino y que poner en la mochila, llegue a dos conclusiones. La primera es que para hacer tu camino hay que hacerlo solo, cosa que coincidía con mis intenciones. A la segunda ya había llegado el año anterior al hacer una ruta por los pirineos,“La porta de cel” para más reseña, y es que hay que llevar el mínimo peso, ya que cada uno de los kilos que lleves estará contigo todo el camino. De hecho cuando hice la mochila tomé como referencia las palabras de un amigo: “Los por si acaso se quedan en casa y si te hace falta algo ya lo comprarás, que el camino pasa por muchos pueblos”.
Estuve dudando sobre por donde sería mejor empezar el camino, pues para hacer el camino Francés se necesita unos 31 días y yo sólo disponía de 23. En un principio decidí empezar en Roncesvalles y andar hasta donde llegara. Después pensé en empezar en Logroño ya que desde allí hay 23 días. Pero al final, decidí empezar en Burgos, por que desde allí hasta Santiago hay unos 18 días y si le sumamos 3 para llegar a Finisterre (que mejor que terminar el camino con una puesta de sol sobre el Atlántico) el viaje queda en 21 días. Por tanto aun disponía de 2 días de margen para hacer un alto en el camino “¡que son vacaciones!”.
Por fin llegó el tan esperado viernes 28 de julio. Ese día a las 19:30 cogí el autobús para Barcelona y a las 22:00 cogí el tren para Burgos. El viaje en tren fue un tanto anecdótico: a mi vagón no le funcionaba el aire acondicionado y en un tren que teóricamente iba lleno, terminamos el viaje en ese vagón los 4 gatos que descubrimos que con imaginación se podía abrir la ventanilla de los compartimientos.
Lo primero que hice al llegar a Burgos fue preguntar por el albergue más cercano, pues estaba impaciente por validar mi credencial en el punto de partida. Ya con la credencial en regla empecé el camino sin más dilación. Más tarde descubriría que fuimos unos cuantos los que empezamos a andar desde allí ese día.
“Buen camino” Con estas dos palabras me bautizaron como peregrino los primeros caminantes con los que tropecé. Fue entonces cuando empecé a preguntarme por el sentido del camino, pues sentí que empezaba a formar parte de algo. Enseguida entendí que al dar ese saludo, no tan sólo era mostrar el deseo de que no tuvieras sobresaltos en el camino, sino que también era hacerse un guiño entre personas que creen formar parte de algo especial.
A partir de entonces y en los 20 días que estuve andando una pregunta estuvo en mi mente: ¿que es el camino?, a la que planteaba respuestas cada vez más elaboradas a medida que lo conocía mejor. Fruto de mi formación científico-técnica inicialmente afronté la pregunta con toda la lógica y racionalidad que pude, como un ejercicio de física o de álgebra: problema a resolver, datos iniciales, variable a analizar, herramientas de cálculo susceptible de aplicar, etc. y enseguida me vi clasificando tipos de peregrinos, estableciendo relaciones entre ellos, buscando las motivaciones para hacer el camino, etc.
Pero las conclusiones a las que llegaba aunque muy interesantes, y que más de una risa levantaban cuando las comentábamos entre peregrinos, no eran la respuesta que buscaba. Por eso el siguiente paso fue introspectivo, pues quizás la respuesta no estaba en el entorno sino en uno mismo.
Me di cuenta que en los días que había estado en el camino me había sentido, emocionado, decepcionado, enamorado, angustiado, enfadado, alegrado, indignado, etc. Como en un año de vida. Con el agravante de que recordaba con suficiente nitidez cada una de las situaciones que había vivido, donde las había vivido, las personas con las que las había vivido, porque había tomado una u otra decisión, hecho eso o aquello, etc.
Me asusté!, porque en esos 20 días se podía descubrí con claridad mi YO.
Pero no era una vivencia introspectiva la que me permitía descubrir ese Yo, sino una experiencia vital. Entones tomé consciencia de que al emprender el camino naces en él, pues el camino se transforma en mundo, la gente del camino en pueblo, los amigos del camino en familia, los albergues en casa, las etapas en escuela, las caminatas en trabajo, etc. Es una vida intensa pero efímera. Y cuando terminas heredas los recuerdos, las experiencias, las relaciones humanas, etc.
Y esta herencia es la que te permite reflexionar con lucidez, porque esta libre de la visión tendenciosa que te impone tu entorno habitual (en el camino este es efímero), y no tienes ni la distorsión ni la restricción con que te limita el tiempo al analizar hechos acaecidos en un intervalo largo.
Por eso ahora tengo claro que es el camino: una oportunidad para conocerte mejor, una lección para la vida (hay que disfrutar del camino, porque del final sólo se puede disfrutar una vez) y una verdad vital (en la vida tienes que hacer tu camino).
Aclaraciones
Por el camino de Santiago se entiende la ruta que lleva desde la casa de cada uno hasta Santiago de Compostela, y así debería ser, pero la mayoría de los peregrinos prefiere empezar a andar desde algún punto de los caminos históricos. Pues estas rutas están señalizadas, disponen de refugios y servicios destinados a los peregrinos.
De los caminos históricos el mas conocido es el camino Francés, esta es la ruta que durante siglos han seguido la mayoría de franceses y europeos que peregrinan a Santiago una vez atravesaban los Pirineos. Este transcurre desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela a través de las provincias de Navarra, La Rioja, Burgos, Palencia, León, Lugo y A Coruña.
Mi consejo
Creo que de todos los caminos históricos, el camino Francés es en el único que se dan las condiciones para vivir el camino tal como lo describo en el texto. Pues es el camino mas transitado y el que dispone de mas refugios o albergues, además con diferencia en ambos casos.
El hecho de disponer de un albergue cada pocos kilómetros hace posible que cada peregrino programe las etapas según sus posibilidades o sus intereses, y la gran afluencia de peregrinos permite tener una rotación social diaria.
La mayor parte de los peregrinos hacen entre 20 y 30 kilómetros al día, por lo que es interesante amoldarse a estas distancias, para coincidir con asiduidad con otros peregrinos conocidos con anterioridad y no quedar siempre descolgado o estar sobrepasando continuamente a todo el mundo.
Con los días, la idea de hacer el camino de Santiago fue cogiendo fuerza, al final decidí no hacer la Transpirenaica y dedicar los 23 días de mis vacaciones exclusivamente al camino de Santiago.
Después de preguntar y dejarme aconsejar sobre como hacer el camino y que poner en la mochila, llegue a dos conclusiones. La primera es que para hacer tu camino hay que hacerlo solo, cosa que coincidía con mis intenciones. A la segunda ya había llegado el año anterior al hacer una ruta por los pirineos,“La porta de cel” para más reseña, y es que hay que llevar el mínimo peso, ya que cada uno de los kilos que lleves estará contigo todo el camino. De hecho cuando hice la mochila tomé como referencia las palabras de un amigo: “Los por si acaso se quedan en casa y si te hace falta algo ya lo comprarás, que el camino pasa por muchos pueblos”.
Estuve dudando sobre por donde sería mejor empezar el camino, pues para hacer el camino Francés se necesita unos 31 días y yo sólo disponía de 23. En un principio decidí empezar en Roncesvalles y andar hasta donde llegara. Después pensé en empezar en Logroño ya que desde allí hay 23 días. Pero al final, decidí empezar en Burgos, por que desde allí hasta Santiago hay unos 18 días y si le sumamos 3 para llegar a Finisterre (que mejor que terminar el camino con una puesta de sol sobre el Atlántico) el viaje queda en 21 días. Por tanto aun disponía de 2 días de margen para hacer un alto en el camino “¡que son vacaciones!”.
Por fin llegó el tan esperado viernes 28 de julio. Ese día a las 19:30 cogí el autobús para Barcelona y a las 22:00 cogí el tren para Burgos. El viaje en tren fue un tanto anecdótico: a mi vagón no le funcionaba el aire acondicionado y en un tren que teóricamente iba lleno, terminamos el viaje en ese vagón los 4 gatos que descubrimos que con imaginación se podía abrir la ventanilla de los compartimientos.
Lo primero que hice al llegar a Burgos fue preguntar por el albergue más cercano, pues estaba impaciente por validar mi credencial en el punto de partida. Ya con la credencial en regla empecé el camino sin más dilación. Más tarde descubriría que fuimos unos cuantos los que empezamos a andar desde allí ese día.
“Buen camino” Con estas dos palabras me bautizaron como peregrino los primeros caminantes con los que tropecé. Fue entonces cuando empecé a preguntarme por el sentido del camino, pues sentí que empezaba a formar parte de algo. Enseguida entendí que al dar ese saludo, no tan sólo era mostrar el deseo de que no tuvieras sobresaltos en el camino, sino que también era hacerse un guiño entre personas que creen formar parte de algo especial.
A partir de entonces y en los 20 días que estuve andando una pregunta estuvo en mi mente: ¿que es el camino?, a la que planteaba respuestas cada vez más elaboradas a medida que lo conocía mejor. Fruto de mi formación científico-técnica inicialmente afronté la pregunta con toda la lógica y racionalidad que pude, como un ejercicio de física o de álgebra: problema a resolver, datos iniciales, variable a analizar, herramientas de cálculo susceptible de aplicar, etc. y enseguida me vi clasificando tipos de peregrinos, estableciendo relaciones entre ellos, buscando las motivaciones para hacer el camino, etc.
Pero las conclusiones a las que llegaba aunque muy interesantes, y que más de una risa levantaban cuando las comentábamos entre peregrinos, no eran la respuesta que buscaba. Por eso el siguiente paso fue introspectivo, pues quizás la respuesta no estaba en el entorno sino en uno mismo.
Me di cuenta que en los días que había estado en el camino me había sentido, emocionado, decepcionado, enamorado, angustiado, enfadado, alegrado, indignado, etc. Como en un año de vida. Con el agravante de que recordaba con suficiente nitidez cada una de las situaciones que había vivido, donde las había vivido, las personas con las que las había vivido, porque había tomado una u otra decisión, hecho eso o aquello, etc.
Me asusté!, porque en esos 20 días se podía descubrí con claridad mi YO.
Pero no era una vivencia introspectiva la que me permitía descubrir ese Yo, sino una experiencia vital. Entones tomé consciencia de que al emprender el camino naces en él, pues el camino se transforma en mundo, la gente del camino en pueblo, los amigos del camino en familia, los albergues en casa, las etapas en escuela, las caminatas en trabajo, etc. Es una vida intensa pero efímera. Y cuando terminas heredas los recuerdos, las experiencias, las relaciones humanas, etc.
Y esta herencia es la que te permite reflexionar con lucidez, porque esta libre de la visión tendenciosa que te impone tu entorno habitual (en el camino este es efímero), y no tienes ni la distorsión ni la restricción con que te limita el tiempo al analizar hechos acaecidos en un intervalo largo.
Por eso ahora tengo claro que es el camino: una oportunidad para conocerte mejor, una lección para la vida (hay que disfrutar del camino, porque del final sólo se puede disfrutar una vez) y una verdad vital (en la vida tienes que hacer tu camino).
Aclaraciones
Por el camino de Santiago se entiende la ruta que lleva desde la casa de cada uno hasta Santiago de Compostela, y así debería ser, pero la mayoría de los peregrinos prefiere empezar a andar desde algún punto de los caminos históricos. Pues estas rutas están señalizadas, disponen de refugios y servicios destinados a los peregrinos.
De los caminos históricos el mas conocido es el camino Francés, esta es la ruta que durante siglos han seguido la mayoría de franceses y europeos que peregrinan a Santiago una vez atravesaban los Pirineos. Este transcurre desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela a través de las provincias de Navarra, La Rioja, Burgos, Palencia, León, Lugo y A Coruña.
Mi consejo
Creo que de todos los caminos históricos, el camino Francés es en el único que se dan las condiciones para vivir el camino tal como lo describo en el texto. Pues es el camino mas transitado y el que dispone de mas refugios o albergues, además con diferencia en ambos casos.
El hecho de disponer de un albergue cada pocos kilómetros hace posible que cada peregrino programe las etapas según sus posibilidades o sus intereses, y la gran afluencia de peregrinos permite tener una rotación social diaria.
La mayor parte de los peregrinos hacen entre 20 y 30 kilómetros al día, por lo que es interesante amoldarse a estas distancias, para coincidir con asiduidad con otros peregrinos conocidos con anterioridad y no quedar siempre descolgado o estar sobrepasando continuamente a todo el mundo.
Otra condición importante para vivir el camino con toda su intensidad es la forma de hacerlo. El camino se puede hacer a pie, en bicicleta o en caballo. Pero lo mas aconsejable es hacerlo andando pues nos permite tener un contacto humano mucho mas intenso.